viernes, 14 de enero de 2011

El efecto Nerja

Vamos de nuevo con una de esas grandes leyes que dominan la existencia de los Pinypones! Todos recordaréis aquella "Ley de las 3 balas" que tantas alegrías me ha dado, sobre todo cuando he conseguido dominarla y he aprendido en qué momento exacto usar cada una de ellas, no hay más que ver los últimos post del blog, relatados por Pin, sobre los lejanos parajes a los que he conseguido llevarla medio engañá por las virtudes de los destinos jajajajaja

El caso es que aquí os traigo otra de aquellas leyes, comprobada empíricamente con el método científico. La he llamado: "El efecto Nerja".



Definicion:

"El efecto Nerja dícese de aquella situación, en la que, por azares del destino, a pesar de que mil y una veces hemos intentado hacer algo, siempre se nos ha liao parda por razones que escapan a nuestro conocimiento."

Como os digo, no hablamos de una teoría, hablamos de una ley, pues a los casos me remito, empecemos por el que da nombre a ésta ley:

- Nerja es un maravilloso pueblo famoso por Chanquete y sus secuaces, quién diga que conoce Nerja por otra cosa que no sea Verano Azul, miente! Aunque claro, ni Verano Azul ni pollas, a partir de ahora todos os acordaréis de Nerja por esta ley. El caso es que érase que se era un verano en que nos juntamos 3 parejas de amigos para decidir un sitio donde pasar un fin de semana. Tras una pequeña deliberación decidimos que el destino sería Nerja (para ir a Nerja no hacen falta balas). Buscamos alojamiento, nos peleamos sobre cómo íbamos a dormir (mítica e inolvidable lucha por las camas, entre rencores, dimes y diretes) y ala, pal pueblo que nos íbamos. Pero al final Pin y Pon no pudieron ir, y desde entonces, to puto Dios ha ido a Nerja menos nosotros, hasta esa fecha a Nerja no iban ni las ratas, y se ve que fue no ir nosotros y se puso de moda. Hay quien hasta ha repetido y todo. Pues bueno, ahora que ya es la nueva Marbella ya no queremos ir, ya pondremos otro sitio de moda.

- Lo siguiente que convertimos en maldito, y que hasta se ganó un post en su momento, fue el "No-viaje-regalo sorpresa a Amsterdam". Conocemos media Europa, hemos estado en sitios tan a tomar por culo como la isla de Skye en Escocia, pero no hemos ido a la capital mundial del porro. Y no será por intentos:

  • Ibamos a ir con Manu e Irene = FALLIDO.
  • Se lo propusimos a Eli y Miguel y se ve que el pobretico mío no se había leído la "Ley de las 3 balas", porque gastó un cartucho de escopeta en cuestión de segundos.
  • Y para el cumple de Pin dije: a tomar por culo, nos vamos sólos. Ya lo conté en el post correspondiente, así que no me voy a repetir.
  • Pero por si fuera poco, mis padres y mi hermana iban a ir en el puente de diciembre y por culpa de los vagos de los controladores se quedaron en tierra.
Conclusión: destino maldito y cumple todos los requisitos para formar parte del efecto Nerja.

- El tercer caso es el de la cartera maldita. El año pasado me pedí una carterilla para Reyes, de éstas de guardar los poquicos billeticos que tengo. Se cuenta, se dice, se comenta, que debido a confusiones varias, al final nadie se hizo cargo de mi cartera. Así que me he tirado un año con la cartera que tengo medio rota, esperando a que sea otra vez Reyes para volver a pedírmela. Pensaba que éste año iba a ser el elegido, pero se ve que no, que voy a tener que volver a pedírmela el año que viene, así que si me veis por la calle quedaros detrás mía para ir cogiendo los billetes que se me vayan cayendo de la cartera rota. ¿Me traerán el año que viene una cartera? Si no me la traen, vosotros sois testigos de que aquí la pedí fervientemente. Conclusión: efecto Nerja.

- El cuarto caso es el puto bar alemán que hay en el Boulevard. Lo odio, lo maldigo, hemos intentado ir tropecientas veces y siempre está hasta la bola, dan ganas de prenderle fuego y que no vaya nadie más (aunque ahora con la Ley antitabaco va a estar más complicao lo de prenderle fuego). Lo que lo hace digno de cumplir esta ley no es que esté lleno siempre, es que hasta Perri ha conseguido cenar ahí menos nosotros. Injusticias de la vida. Conclusión: efecto Nerja.

Seguro que hay más casos que cumplen con la ley, porque la vida está llena de gatillazos, pero ahora mismo éstos son los que yo recuerdo. Sólo os pido una cosa, queridos lectores: NO VAYÁIS A NERJA!

jueves, 6 de enero de 2011

Feliz año!!

Feliz 2011 a todo el mundo!! Espero que pasaseis una entrada de año estupenda, la nuestra fue muy variada. 

¿Qué os han traido los Reyes Magos de Oriente? Yo este año he sido buenisima:
  • Un perfume de Calvin Klein
  • Unos pantalones negros
  • Una camisa blanca a juego con un chaleco
  • Un cinturón
  • 2 pares de botas
  • Una mochilita
  • Un conjunto de ropa interior
  • Una máscara de pestañas 
  • Una gabardina
Y la verdad, lo que más me ha gustado ha sido el micrófono de Hello Kitty que le han traido a mi Lidia, además de dos caravanas de Pinypon (:P) una para Lidi y otra para Susanilla. Dios el microfono es la bomba, menudos karaokes nos esperan....

Ya estoy más relajada, es que estos días me pongo muy nerviosa porque ODIO  los regalos (tanto hacerlos como que me los hagan) siiiiiii, soy una persona rarísima.



martes, 4 de enero de 2011

DÍA 8: ATENAS, Y FIN!

Pues nos levantamos y la previsión meteorológica decía que estaría nublado y ni frío ni calor.


Abandonamos el barco, y… A CANTAROS, llovía a cántaros y las maletas las recogieron el día anterior de madrugada. Llevábamos lo puesto. Justo antes de montarnos en el bus recogimos nuestras maletas, pero no nos dejaron abrirlas, pero yo, (es que con nada, me pongo enferma) en la cola para montarnos en el bus, tiré la maleta (que era prestada y la llené de barro) al suelo y saqué lo primero que puse: el chubasquero (si es que soy un pinypon tan listo…).

Pon, por supuesto, llevaba su mega camiseta de la selección, y nada más.

1º parada: noséqué de las olimpiadas. Solo se bajaron del bus los hombres valientes. Yo me quedé porque la que caía era gorda. Le dí mi chubasquero a Pon, que gracias a Dios tenemos los dos más o menos la misma talla y se puede poner mi ropa (no fue la primera vez).



2º parada: Acrópolis. Bajada obligatoria, más que nada porque era lo único que íbamos a ver. Al principio llovía poco, pero aquello fue cogiendo fuerza. Nos encontramos a unos niños por ahí vendiendo paraguas. A la familia que había delante de mí, le pidieron 5€ y a mi me lo ofrecieron por 8€, así que pasé de ellos; pero claro, pensaba que más adelante habría más. Pero eran los únicos. Y se marcharon, y no los volví a ver, y nos estábamos empapando bastante, tanto es así que una buena mujer que estaba en el mismo grupo, me llamó y me dijo:


- Chica, vente aquí conmigo que te estás empapando, mi marido tiene otro paraguas para él, así que quédate todo el rato conmigo.


Yo la verdad, es que de siempre he sido muy obediente, y le hice caso a la mujer.
Y vimos la Acrópolis diluviando, y entre que estaban allí de restauración, que había unas grúas enormes, que mis pies hacían surf dentro de los zapatos y que era el octavo día… YO ME QUERÍA IR YA A MI CASAAAAAAA!!!!! 

Me pasó lo mismo que cuando fui a Disneyland: era el último día de viaje, estuvo lloviendo toda la tarde y me senté en un banco dentro del castillo de la Bella Durmiente a esperar que llegase la hora de irnos mientras visualizaba mi camita.

Los pies chorreando, Dios mío, cuando llegamos al aeropuerto, abrí mi maleta para coger unos calcetines, pero no hubo manera de encontrarlos, así que nada (es que no soporto los pies mojados), a esperar la cola para facturar.

Durante el rato que estuvimos esperando para facturar, estaba mareadísima, más que en el barco, mi cuerpo solico se balanceaba de derecha a izquierda; pero me animó el hecho de que un poco más adelante que nosotros dos hombres se empezaron a pelear y por poco se matan allí unos con otros, eso sólo les pasa a los españoles, ya te lo digo yo.

Y llega nuestro turno, nos saluda la muchacha, nos pregunta que cuántas maletas vamos a facturar (ya voy entendiendo cosillas fáciles en inglés) y en ese momento nos dice que por favor, que nos esperemos, y coge una tarjeta de embarque que le da un compañero y llama a un tal “Pepito Perez”. Y venga teclear, y venga hablar con el compañero y la tía tenía una cara… Y “Pepito Perez” se estaba empezando a poner nervioso, y venga rato largo allí… 

Claro, ya Maite y Sergio que habían facturado hacía rato, nos preguntaban qué pasaba. Ni idea. 

Esa misma pregunta se hacía el caballero “Pepito Perez” y nosotros, hasta que el hombre no se aguantó más y preguntó:

- Guát japen???!!!!!

- Nothing. Contestó la empleada levantando un instante la vista del ordenador.

- Nacin?!!! Nacin??!! UNOS COJONES!!!!!

La chica no sabría castellano, pero lo de los cojones lo entendió porque acto seguido le dió la tarjeta de embarque y le dió las gracias. 

Qué gracia me hizo ese hombre…

En fin, que ya apenas nos quedó tiempo para comer, así que lo único que pudimos hacer fue comprar un par de paquetes de galletas y esa fue nuestra comida del día.

De repente nos vimos haciendo cola para entrar en los autobuses que te llevan hasta el avión, ya una semana después y con Estanco por allí, que apareció y no recuerdo por donde, porque la verdad, los últimos días del crucero lo perdimos un poco de vista.

Y nos metieron a todos en el dichoso autobús, y nos dejaron allí pues no sé cuánto rato, pero a mi me parecieron horas (creo que fueron unos 20 minutos) sin saber el por qué, sin moverse del sitio, hasta que claro, empezamos a gritar... luego dicen que si los españoles, pero anda, anda… 

Y total, el avión despegó, me quité los calcetines a ver si había suerte y se secaban (no hubo), le contamos a Pon toda la historia del pingüino, me mareé justo antes de aterrizar (se me puso un mal cuerpo…) y por fin pisamos suelo patrio!!!!

Llegamos a casa de Maite a recoger el colchón hinchable (quetehinches), el bolso que me lo había dejado allí y el batido de chocolate que compramos Pon y yo en el viaje de ida, que más vale que nos lo hubiéramos dejado allí (Pon sabe por qué).

Y cogimos el coche dirección a nuestras casitas, mientras la gente llamaba a Pon para felicitarle.

Llegamos sanos y salvos, cuando me baje del coche y subí las escaleras de mi casa, parecía que iba borrachísima, porque me costaba mantener el equilibrio, super mareada, de derecha a izquierda, de derecha a izquierda…

Pero aunque me viera ya allí, sentada con ella en el sofá bebiéndome un vaso de leche, a mi madre no se le iba el berrinche…

Y ésta es la historia de nuestro crucero por Tierra Santa.

martes, 21 de diciembre de 2010

Día 7: Marmaris


Por lo visto, la noche anterior también lo dimos todo y nos lo pasamos muy bien, según las fotos.

Bien, nos despertamos, y como siempre, nos fuimos a desayunar, y por allí, vagando por el buffet, veía que fuera en cubierta, había un pelotón de gente echando fotos como locos y pensé: “qué habrá ahí? Bueno, primero voy a coger algo para comer y luego salgo”.

Claro ejemplo de que tal y como hablamos durante el viaje, la pirámide de Maslow en un crucero está totalmente cubierta, pero, claro, la comida está en la base, y luego ya vendrá lo demás.


Y en esto, me encuentro a Pon, que los que lo conozcáis, sabéis que él cuando se va de viaje invierte la pirámide, y me dice:

- ¿Has visto la maravilla de lugar donde estamos?
- Pues mira no, pretendía coger algo para comer antes.

Pero claro ya a una le despierta la curiosidad y salí. Oooohhhhh!!!!!!! PERO QUÉ SITIOOO!!!!!!!

Maravilloso, precioso, espectacular. De verdad un lugar muy bonito, una bahía entre frondosas montañas que emergían del mar.  Y claro, desayunas en cubierta, con toda esa belleza rodeándote, pues normal que te quedes pillá observando los lugares que el mundo te ofrece, y en éstos pensamientos estaba yo, cuando Steve, nuestro camarero de por las noches que estaba también con el desayuno, me vió, y a saber el careto que tendría yo, porque se acercó y me dijo:

- Es bonito, ah?!
- La verdad es que es impresionante.
- Estas cosas te hacen pensar, habéis viajado a Colombia??
- No.
- Yo es que soy de allí, y cuando está el avión llegando, sobrevuela una zona de siembra, y ves todo verde, los distintos tonos del mismo color y es precioso.

Y se volvió para mirar al horizonte, y nos volvimos a quedar los tres pillaos, cada uno pensando en sus cosas.

Después de desayunar, Pon se volvió loco echando fotos, hasta que llegó la hora de bajar del barco y ver el pueblecito a pie de calle.

La verdad es que es un pueblo muy muy bonito, también muy preparado para el turismo.



Así para que se entienda, es algo parecido a un Marbella. Nos dijeron que había un mercado buenísimo de falsificaciones, de todo tipo, y Pon tenía un objetivo claro: La camiseta de la selección española con su estrellita, por supuesto.

A parte de los objetivos que cada uno se marcó solico en su casa, disponíamos para gastar 35€ en moneda turca, es que vimos un cajero de ING, y no nos pudimos resistir, nos dimos cuenta cuando los billetes salieron por la rendija, qué cagada.

Yo, ahora, a toro pasado, voy a dar mi opinión más sincera: tenemos muy poco sentido común. A ver, entramos a una tienda preguntando por la dichosa camiseta de España, nos atienden dos turcos típicos jóvenes, nos la enseñan, se la prueban los interesados, muy bien. Llega la hora del regateo.

        Puede que sean unos delincuentes porque hacen falsificaciones, pero esa gente es profesional = no los vas a engañar.
        Creo que de allí, la persona que más veces habrá ido al mercadillo sería yo, seguro, así que práctica en el regateo = 0 (no valen las compras por ebay)
        Nos habíamos visto??!! En serio; los cuatro niñatos que venían del crucero (todo el pueblo sabía que veníamos del crucero) con nuestras mochilitas, nuestras gafitas de sol y CON DOS CAMARAS DE FOTOS COLGANDO DEL PESCUEZO COMO DOS DEMONIOS!!!!!

Pues el turco pensaba que éramos ricos, y ni mucho menos te iba a vender la camiseta por 10€!!!!

Así que nos fuimos sin camiseta. Y estuvimos comprando otras cosillas en otras tiendas, hasta que volvimos a ver otra camiseta de España y entramos a preguntar. Esta vez si llegamos a un acuerdo, y nos llevamos la camiseta, e incluso, yo creo que algo más.

Tu te vas a llevar la camiseta por 7€, pero le voy a echar una maldición turca a la camiseta que te vas a cagar

Yo creo que eso fue lo que pensó el tío, porque para dos veces que el pobre Pon se la ha puesto…

En fin, que con todas las compras hechas seguimos dándole una vuelta al pueblo, buscando una torre de un minarete que habíamos visto por ahí y que no encontrábamos, y que si era por aquí, que si el mapa dice que estará por allá… Total, que tras mucho andar y subir una cuesta enorme, resulta que era la mezquita del barrio. Y allí nos sentamos los cuatro, en silencio, mirando al infinito, hasta que sentí en mi cuerpo una sensación que llevaba días sin notar: era hambre.

- Tengo un poquillo de hambre.
- Si
- Yo también
- Y yo…
- Vámonos!!! Dijimos a la vez.

Llegamos al barco y comimos como osos (como siempre), ése fue el día de la hamburguesa, Dios qué ansias, de camino al barco, yo iba pensando en que me apetecía una hamburguesa, pero no había visto a nadie comer hamburguesa en el barco, y pensé que no habría, pero me resultaba raro, porque es que en el barco para comer había de todo!! Y se lo dije a Pon, que me apetecía una hamburguesa grasienta con un montón de cosas entre el pan y la carne.

Pues bien señores, como iba diciendo, llegamos al barco, al buffet y Oh Dios mío qué ven mis ojos!!!!!!! Una tía se estaba comiendo un hamburguesón!!!!!! Encontré el lugar, estaba fuera del buffet, llame a Pon que ya llevaba el plato a reventar de comida, me volví CRAZY CRAZY.

Me la comí con ansia viva, y creo que por eso, me sentó mal. Y justo después de comer, el barco zarpó y ese espectáculo no nos lo podíamos perder.

Estábamos todos los pasajeros en las barandas, viendo el paisaje, las pequeñas embarcaciones desde las que la gente nos saludaba, el grupo de animación trabajando, los músicos tocando, estuvo muy bien, la verdad.

Y después de eso, como siempre, siesta; peeeeero, esta vez sí hicimos algo reseñable por la noche. Era la última noche, y a las 00:00h sería el cumpleaños de Pon, así que Maite pidió que al finalizar la cena, nuestros camareros le dieran una sorpresa y le llevasen una mini-tarta con una vela para que soplase. Al principio, cuando Matías (nuestro mettre que era un fenómeno, ay lo que nos reímos con él) se acercó a Pon, este se acojonó, pero luego le hizo mucha ilusión y todos cantamos a pleno pulmón el cumpleaños feliz.

Más tarde, después de cenar, la magia del Mediterráneo y  la ayuda inestimable de Pon, que ya sabemos todos que habla mucho, obraron el milagro: surgió el amor.


Como en las películas de Antena 3 de sobremesa de los sábados, cuando los niños se van de campamento un mes y se declaran la última noche, igualito.

Pues en esto que después de la actuación, estábamos hablando con Evens,  jefe y miembro de los grupos que tocaban en el barco. Dialogábamos sobre los años que cumplía Pon, y así pues surgió la conversación de las edades, de que él tenía 40 años y la verdad es que no los aparentaba. Entonces nos explicó que a los negros no se les nota la edad hasta los 60 y que a partir de 60 envejecen rápidamente (Evens es más negro que el tizón). Y claro, ya empezamos a preguntarnos los unos a los otros: y tú cuantos años tienes???

Y la pregunta llegó a Olga, la amiga de Wendy. Olga es una chica muy callada, muy formal, muy prudente que no quería desvelar su edad, pero claro, todos insistimos, hasta que la pobre muchacha tuvo que decir que tenía 35. Y de repente, saltó Pon:

- Anda, pues tampoco os lleváis Evens y tú tantos años, hacéis buena pareja, jajajajaja!!!!!!

Silencio sepulcral y miradas penetrantes el uno al otro. A mi me dió vergüenza, ajena (por ellos), y propia (por Pon).

Y la verdad es que yo no lo entiendo, una semana metidos allí, dándolo todo en la discoteca todas las noches, Evens allí con nosotros casi todos los días y nada. Y ahora resulta que Pon suelta una de las suyas, y surge el amor!!!

En fin, que estuvieron toda la noche bailando agarraditos salsa, merengue y de todo, apartados del mundo, hasta que Wendy le pidió a Olga la tarjeta del camarote para irse ya a dormir y va la tonta y se va con ella. Pero cuándo va a pillar esa muchacha a un negro!!!

En fin, la gente sabrá.

Y así nos fuimos a dormir, tardísimo, pero ya daba igual, solo quedaba medio día en Atenas.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Día 6: Limassol

Pues que contar de Chipre? Yo creo a Pon, que me dice que la isla es muy bonita, pero fuimos a un sitio que no valía la pena, así que después de andar media hora para llegar al centro, una vez allí paramos el primer taxi que vimos y le dijimos al taxista que nos llevase a una playa cercana al puerto. Le pedimos que nos recogiese a las 1 menos cuarto de la tarde, porque el barco se iba a las 1:30 pero el taxista no podía porque tenía que llevar a su chiquillo a tenis, pero que él mandaba a un amiguete a recogernos, que vendría en un Fiat blanco.

Y pasamos la mañana por allí tirados, yo estaba enfadadísima con Pon por haberme tirado por los suelos la noche anterior así que estuve toda la mañana sin hablarle, y como me aburría, pues me puse a recrear las pirámides y la efigie en la arena, como los niños chicos, pero me quedó bien.


Y así transcurrió el rato hasta que fueron las 12:30 que ya nos fuimos al punto de encuentro con el amiguete del taxista. 12:30, 12:45, 12:50… ummm…… encontramos a otro taxista, y le dijimos que nos llevase, a lo que nos respondió que tenía que hacer otra carrera y que después vendría a por nosotros.

Vale, pues llegaron las 1 y allí a lo lejos veíamos nuestro barco y nos estábamos empezando a desesperar porque ni el tato venía a por nosotros, así que Maite a las 1:05 determinó que deberíamos empezar a andar en dirección al barco. Explicó que la playa estaba cerca del puerto pero no en dirección de la civilización, sino al contrario, la ciudad terminaba en el puerto, del que salía una carreterucha paralela al mar y luego ya era playa, sin más vida que un chiringuito.
Total, que estimamos que si empezábamos a andar rapidillo, llegaríamos a tiempo, así que Sergio, Maite y yo comenzamos la marcha, Pon se quedó en el punto de encuentro por si alguno de los dos taxistas venían. Y llegó un momento en el que yo miraba para atrás y veía a Pon demasiado lejos, y empecé a pensar que ya debería ponerse en camino, o sería él, el que se quedaría en tierra.

Y en esto que llevando ya un poquillo andado, veo a Sergio que echa a correr como alma que lleva el diablo, me fijo para ver que pasa… Oh dios mío, un taxi!! Era el dichoso amigo del taxista que nos llevó, que nos estaba esperando en otro sitio! Para eso eran ya las 1:10, demasiado había esperado el hombre, la verdad. Le hice señas a Pon, que el pobre corrió un montón. En el mismo momento en el que puse mi culo en el asiento del taxi, me sentí a salvo porque me estaba viendo abandonada en el sitio más feo que habíamos visitado de todo el crucero! Pero ahora que lo pienso (excepto Atenas, claro) era el más europeo.

Bien, pues conforme iba pasando el tiempo, el alivio que sentí al montarme en el taxi se fue convirtiendo en pavor, porque todos (excepto Pon, que sabía que no llegábamos andando) nos dimos cuenta de que el barco estaba mucho más lejos de lo que parecía y que ni de coña hubiéramos llegado a tiempo andando.

Prometo que me dieron ganas de besar la moqueta del barco cuando entré.

A estas alturas, la verdad es que no me acuerdo de lo que hicimos esa tarde en el barco, pero me da a mí que nos pegamos un siestón digno de recordar (aunque no lo recuerdo), que ya se iban notando los días en el cuerpo.

Ya solo me quedan dos dias!

lunes, 29 de noviembre de 2010

Día 5: Galilea y Nazareth

La verdad es que los platos fuertes ya habían pasado, lo que restaba por ver (al menos para mí) era más light, pero no por ello me planteé el día de mala gana, en absoluto.

El puerto en el que nos encontrábamos esa mañana estaba situado justo al lado del Monte Carmel (que no me quedó claro lo que pasó allí) y la verdad es que la zona era bonita.

Llegamos al autobús, donde nos recibió la guía. Esa mujer podría tener 120 años perfectamente, yo pensé que eso sería bueno porque tendría experiencia. Justo antes de arrancar el bus, pues lo típico, nos contó en un idioma raro y ahí ya le ví yo a la mujer movilidad reducida.

Y llegó la primera odisea del día: salir del puerto. Claro, ahora te das cuenta de que eso fue el aperitivo. Pues así resumidamente nos costó cuatro intentos por cuatro sitios distintos.

De camino a Nazareth, que era la primera parada, la verdad es que la mujer se lo curró, nos estuvo contando muchas cosas sobre la economía y cultura del país, lo malo era que no la entendíamos nada porque hablaba sudamericano con un acentazo francés increíble, eso añadiendo palabras que se inventaba la mujer, que gracias a la intuición y al contexto averiguamos el significado.

Ejemplo:

En el “villaje” se cultivan “nagajasalgededor de la “sinagoja”.

Bien, llegamos a Nazareth, donde nos llevan a ver la iglesia de La Anunciación. Antes de bajar del bus nos advierte la mujer de lo caluroso del día y de la probabilidad de deshidratación y todo el rollo de la falta de agua del país y patatín patatán.

A la salida de la iglesia, mientras esperamos a que lleguen todas las personas del grupo, la guía entabla conversación con alguno de nosotros, y continúa con el tema de la sequía, y para ilustrarnos aún más, nos comenta que en Israel solo disponen de seis cubos de agua por hogar y día, que había que ahorrar mucha agua y que ella, por ejemplo, se lavaba sólo una vez al mes.

Oh, my God!!! Y la colega se quedó más ancha que larga!!! Hija mía, no digas eso donde nadie te oiga… Lo peor es que le hice un repaso de arriba abajo y me lo creí.

Bien, después de ese shock, pude llegar al bus y sentarme en mi sitio, como siempre, de los últimos asientos, nos volvió a contar la guía:

- …, y  cincuenta y tantos. Oh! Pues hay dos personas más que cuando salimos del puerto…  (se quedó dos segundos pensando) Bah! Vámonos!

Si señores, o se infiltraron dos más en la excursión, o no nos contó bien la primera vez, o lo que sea, pero tampoco le importó mucho.

En fin, que con polizones o no, continuamos nuestro camino hacia El Río Jordán, que es precioso y maravilloso y tiene una zona especial para el bautismo, que me recordó a los boxer de la F1, no se por qué.


Entiendo lo de la prohibición de no darle de comer hamburguesas a los peces, porque ahí había cada bicharraco de grande, que me daba un asquillo…

De ahí nos llevaron a comer a un kibutz (no sin antes volver a contarnos, había uno menos; lo que ya no sé, es si era uno menos contando a los posibles polizones o del número de turistas que salimos del puerto), que para que se entienda es algo parecido a una comuna hippie, donde todos viven en comunidad, y viven de lo que cultivan y eso, pero sin el rollo del amor libre, allí cada mochuelo a su olivo. Es típico de la zona.

En la comida una señora confundió a Sergio con un bailarín de “Mira Quién Baila” y estaba la mujer ya sacando la cámara de fotos y buscando un papel y un boli para el autógrafo. La gente lo flipa.

A partir de aquí yo no sé qué pasó, no sé si sería la digestión, el calor, el cansancio, o todo un poco, pero yo sólo recuerdo una sucesión de iglesias, recorrido en bus, con un calor bastante importante, sin enterarnos de nada de lo que decía la guía, solo repetía la palabra “sinagoja”, que íbamos a ver una “sinagoja”…

Que si aquí Cristo perdió la chancla, que si aquí fue donde pegó la ultima voz, que si aquí donde perdió el mechero… En serio, todo eso es una bola en mi cabeza imposible de ordenar, y creo que no es a mí a la única que le pasa. 

Hasta que por fin llegamos a la famosísima “sinagoja” y ahí la mujer con mucha ilusión nos sentó a todos en dos escalones, se puso enfrente, parecía que nos iba a contar una gran historia… Y seguramente lo sería, pero es que NADIE se enteró de nada, nos empezamos a mirar los unos a los otros con caras de “tú, te enteras?”, todo el grupo con cara de circunstancia y la mujer, dándolo todo, pero lo dió todo literalmente porque le dio un ataque de tos… Dios mío!  Y no podía parar, y ya se empezaban a sentir risas ahogadas, y yo las estaba aguantando bien, hasta el momento en el que alguien por detrás de nosotros dijo por lo bajini:

- No, si encima te morirás hoy…

Ay Dios, qué risa!! He de decir que no murió, un alma caritativa le dió un caramelo salvador.

Afortunadamente esa era la última visita del día, no sin antes llevarnos a un lugar donde se tallaban diamantes, que por lo visto es una de las principales actividades que aportan alegría al PIB del país. Vale, pues nos llevaron a una joyería enorme donde lo más barato que vió Pon costaba 20.000€.

Como yo no tenía intención ni de mirar las joyas, pues vi una silla y me senté a esperar a la gente, y esperé y esperé y Pon se vino conmigo y seguimos esperando, hasta que un hombre de nuestro grupo, se hartó y por iniciativa propia, nos dirigió hacia el autobús. Y ahí estábamos todos, cincuenta y tantas personas (persona arriba, persona abajo) esperando sentados en el autobús. Un minuto, cinco minutos, quince minutos, yo me dormí profundamente y medio me desperté cuando se empezó a debatir en el bus si era conveniente o no ir a buscar a la guía, finalmente fueron dos hombres a buscar a la mujer, que por lo visto se hallaba sola, en mitad de la joyería mirando a todos los lados, buscándonos con la mirada.

Sí señores, la pobre mujer se había perdido. Os podéis imaginar la ovación cuando esa mujer entró en el autobús, menudo cachondeo, y ya la gente se fue creciendo y empezaron a contar chistes verdes malísimos. Tuvimos un viaje de vuelta al barco entretenido.

Claro, un día así pasa factura, y en el momento en el que nos vimos en el barco, nos dimos cuenta de que estábamos psicológicamente destrozados. ¿Qué hicimos? Pues lo  mismo que el día anterior, bikinis, piscina y cócteles, pero con muchas más ansias.

Bebimos más, bebimos mucho más, yo es que no llegué ni a meterme en la piscina, cuando quise acordar, ya no podía. Borrachos, esa es la palabra, no hay por qué suavizar algo que se ve claro. Porque el barco se estaba moviendo, Maite, y no es que estuviera girando sobre un punto con la casualidad que tu estuvieras en ese punto, todos estábamos a tu lado y con más o menos dificultad, nos dábamos cuenta de que el barco efectivamente, estaba en marcha. Menuda talega.
Entre tanto, decidimos que sería conveniente ir a los camerinos a ducharnos y arreglarnos para ir a cenar. Hicimos lo que pudimos. Cuando llegamos a los camerinos, allí estaba Jorge, esperándonos como siempre por si necesitábamos algo.

- Como les fue!?
- Bien, bien, jajajajajaja
- Van a entrar arreglarse y eso?

Entonces, Pon pensó inteligentemente, y se dió cuenta de que no había muchas garantías de que pudiésemos salir de la habitación en el estado en el que nos encontrábamos y claro, después de arreglarnos, mientras cenábamos, Jorge siempre nos volvía a hacer la habitación.

- Jorge, mira, te damos la tarde libre
- Ah! Como!?
- Mira, si, no ves cómo estamos? Es que no sabemos si vamos a poder ir a cenar.

Pero sí pudimos, después de arreglarnos comenzó la fase “Pon deja en ridículo a Pin”

La verdad, no recuerdo la ropa que me puse para ir a cenar, lo que si sé es que a Pon no le parecía bien, y ya cuando nos íbamos, empezó a decirle a Maite que mira qué cateta era su novia, (los borrachos siempre dicen la verdad) y tuve que volver a cambiarme, y yo, muy inteligente también, me puse una camiseta larga a modo de minivestido.

No llegamos a tiempo para cenar en el restaurante, nos tuvimos que ir al buffet, donde está la escoria del crucero, los cuatro borrachos como nosotros o la gente que prefiere comerse una pizza a un chuletón de primera.

Y allí empezó el “festival del humor”: nos atendió una camarera muy simpática y agradable, pero era rrrrrrrusa, y Pon empezó a hablarle con las “r” muy marrrrrrrcadas y a mi me estaba dando una vergüenza… Pero no podía parar de reírme, así que puse tierra de por medio y me fui a la barra a coger la cena. Lo malo es que Pon me siguió, y cuando volví, pues puse mi plato en la mesa y fui a sentarme en mi silla.

Silla que no estaba porque Pon, muy gracioso, había quitado justo un segundo antes de que yo echase todo el peso de mi cuerpo para atrás, segura de que mi silla estaba ahí.

Dí un culetazo en el suelo impresionante, me quedé con las patas p’arriba, y la camiseta que había usado de mini vestido un poco más arriba de su sitio.

Entre la borrachera, el shock y la risa floja que les dió a todos y a mi (a mi me dió menos, pero me dió), me quedé unos segundos ahí tirá, como la típica alemana borracha en mitad del paseo marítimo de cualquier playa de la Costa del Sol.

Dios mío qué espectáculo, los camareros que rondaban por allí se dieron la vuelta y nos dejaron sólos.

Yo me enfadé un poquito con Pon, la verdad, es que le encanta ponerme en ridículo, ea. Inmortalizamos esa inolvidable cena con la siguiente foto, en la que intento mostrar mi malestar.


Después de ésto, para seguir contando la noche he tenido que documentarme fotográficamente porque no me acordaba muy bien, pero fuimos a la discoteca donde había un concurso de la mujer más guapa, que ganó la típica Mari de Móstotes feísima. Después como siempre lo dimos todo en la pista de baile hasta que a mi se me gastó la pila.

Venga, que ya solo me quedan contar los últimos 3 días, que no van a ser tan larguísimos como estos.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Día 4: Jerusalén y Belén

 RRRIIIIIIIIINNNG, RRIIIIINNNNNG, RRRIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIINNNNNNNNNG!!!!!!

Uummmm???!! Venga yaaaaaa!!!! No puede ser!!!!”

……………

- Siiiiiii??????  Si, mu bien, adiós!!!
- Venga ya, que era Estanco???
- Sí hija sí, parece ser que ayer no se enteró
- Pero bueno, habrá que decirle algo, no??
- Puf! Sí pero ahora no, por cierto, ¿Qué hora es?
- No tan tempranísimo como ayer, pero nos podemos quedar un ratico más durmiendo.

Pues si, Estanco no se enteró el día de antes, pero cuando fuimos a desayunar ya le dijimos a Wendy que por favor, se cerciorase de que su padre cogiese la idea.

Y nos disponemos a ver Tierra Santa, pero de verdad, qué complicado es pisar el suelo de ese país, a la salida del barco nos esperaban dos apuestas señoritas, registrándonos todas las mochilas, bolsos… Bueno, miraron por el objetivo de la cámara de fotos de Pon, que yo sé (aunque él no me lo dijo), que estuvo a punto del infarto, que yo sé que Pon no deja que cualquiera toque su cámara, y mucho menos que le quite la tapa al objetivo y esas cosas. El pobre, mientras ultrajaban a su otra preciosa (véase foto del tuenti donde me compara con una cámara de fotos) tenía que estar contestándole a la otra señorita, que no se creía que no llevase ningún arma, de ningún tipo (y todo en inglés, que por supuesto, yo no entendí, luego me lo explicó todo).

Nos montamos en el bus, se presentó la guía, y comenzamos el viaje, que ya era otra cosa, calzadas normales, respeto a los semáforos…

Llegamos a la capital, nos bajamos del autobús:

Aquí también pega bastante el sol”

Estábamos en el Monte de los Olivos, que en otra época tuvo olivos, porque ahora…. Ahora lo que hay es un barrio donde la gente acumula basura en la calle y un mirador patrocinado por Peugeot:


También un cementerio judío y otro musulmán gigantescos e impresionantes los dos. Desde allí se ve una panorámica de Jerusalén, y me impresionó bastante como en tan poco espacio, pudiera haber tantas religiones, el barrio judío, el musulmán, el armenio y el cristiano. Cúpulas apelotonadas super cerca unas de otras y tan distintas en todos los aspectos.

Ah! Se me olvidaba, en el Monte de los Olivos, había también una iglesia que hicieron allí los rusos, que no pega ni con cola pero que estaba chulísima, con las cúpulas de oro, en plan ruso total.

Después del mirador y de contarnos un poco la historia (no la que todos sabemos) sino historia de la ciudad, nos llevaron a “una iglesia” (vi taaantas iglesias, que no soy capaz de ordenarlas) donde estaba la piedra donde Jesús oró y donde efectivamente tras una verja, había olivos que hombre, 2000 años no sé, pero tiempo tenían un rato, eran gordísimos los troncos. Cuando llegamos, Maite y yo nos fijamos que los olivos no tenían aceitunas, lo que nos resultó extraño, pero luego nos dimos cuenta de que estaban cogiendo aceituna, con sus lienzos, sus sacos, sus espuertas, y su talega que tenían por ahí tirá debajo de una oliva. La gente se mataba por coger una ramita de olivo, yo deseché la idea, puesto que podía cogerla cuando llegase a mi casa y tirarme el moco.

De allí nos montamos en el bus y nos llevaron a Belén, que como me pasa siempre, la gente (Pon) me lleva a los sitios engañá, y me enteré un poco antes que Belén está al otro lado del muro. Si hombre, el muro ese que sale en las noticias, que si Israel, que si Palestina, que si la ocupación, que si no le dejan hacer el trabajo a los periodistas, que si bombas, que si conflicto pa arriba, que si conflicto pa abajo… Pues allí me llevaron. La ignorancia es la felicidad, cuando me quise dar cuenta ya había pasado el muro y no me dió tiempo ni a darme susto. Eso si, nuestra guía se tuvo que bajar del bus y se montó otro, que era un fenómeno de tío.

Pues en ir a Belén (que está a 2 minutos en coche de Jerusalén), pasar el muro, ir a la correspondiente tienda de souvenirs, y volver, se nos pasó toda la mañana y casi la hora de comer, es que para salir de Palestina tardamos mil, yo no sé qué pasaba, me puse a grabar el muro y eso, para matar el tiempo y para tener documentos gráficos de nuestra proeza, yo me puse a grabar, hasta que subieron dos tíos con metralletas en el autobús, mirándonos a todos, nosotros estábamos al final, y cuando llegaron, allí nos dijeron “hello!” de muy buen rollo, entonces les miramos las caras, más de 19 años no tenían ninguno de los dos.

Y se volvió a montar nuestra guía en el autobús, y dijo una frase que enfureció a todo el mundo menos a nosotros, la frase horrible fue: “vamos muy mal de tiempo, solo tenemos 40 minutos para comer, si no, no podremos ver Jerusalén

- oh! Sólo 40 minutoooooooos!! Ifuhghhi!! Khqfha!!!

En fin, la gente parece que se va de viaje todos los dias, además, esos minutos a nosotros nos dieron muuuucho de sí, nos dió tiempo a comer tranquilamente y a que Sergio nos contara el mejor chiste del viaje y probablemente el mejor chiste que me han contado en mi vida, o por lo menos es con el que más me he reído: el chiste del bizco”.

Cuando salimos del hotel que por cierto se llamaba “El Olivo” Pon vió algo que le llamo la atención “oh! un gato” sí, un gato durmiendo tan a gusto en la puerta del hotel, un gato israelí, si, pero al fin y al cabo un gato tío, hay dos familias de gatos viviendo en la calle de detrás de tu casa y no les haces ni puto caso, pero al gato israelí le diste por culo hasta que se despertó y se fue o nos fuimos nosotros, pero vamos que le echasteis fotos… a un gato.


Bueno, después del trafico y esas cosas, (que por cierto, están haciendo un tranvía, y ya os podéis imaginar las obras, qué moda ahora con los tranvías) llegamos al Muro de las Lamentaciones, donde había una jura de bandera y estaba que lo petaba de soldados y las familias, himnos y parafernalia típica. Mi impresión del lugar: Una papa. Lo siento, es que me sentó muy mal que los hombres tengan un montón de metros de muro, y a las mujeres les dejen una esquinita minúscula, así que nos fuimos a los servicios y a esperar a los demás.

Después nos llevaron un ratito por la Vía Dolorosa  y de allí, a la Iglesia del Santo Sepulcro, donde se supone que fue la crucifixión. Me encantó la vuelta que dimos por esas calles, incluida la Vía Dolorosa (que es una calle normal como las otras). Entramos a la iglesia que estaba a reventar de gente y fue poner el pié allí y no sé, me dio una sensación… No sé si fue por la distinta simbología (esta dividida en la parte judía, cristiana y ortodoxa) pero que se me pusieron los pelos de punta como el día anterior al oír la llamada a la oración pero esta vez mucho más.

Cuando salimos de allí era ya de noche, y no nos dio tiempo a ver nada más, la guía nos llevó a unos servicios que había en un centro comercial super cool muy cercano; cuando terminamos, fuimos a una tienda a comprar chicles y esas cosas y cual es nuestra gran sorpresa: HABÍA UN MONTON DE PELUCHES DE PINGÜINOS!!!!!!!

Dios mío, hemos  tenido que ir a Israel para encontrar peluches de pingüinos. Pero claro, Pon estaba allí, lo intentamos entretener, la tía de la tienda no se enteraba y no entendía por qué le preguntábamos cuanto costaba el peluche a la misma vez que lo escondíamos… Que le den al pingüino!!! Me agobié. Luego Sergio me dijo que él volvía y lo compraba, pero era demasiado, íbamos de camino al bus para llevarnos al barco.

Y embarcamos, llegamos a nuestros camerinos y como siempre, Jorge que era el muchacho que nos limpiaba el camerino nos estaba esperando por ahí para preguntarnos que como nos había ido, el muchacho, un sol, al día siguiente le dimos la tarde libre, pero eso ya lo contaré.

Es temprano, ¿¿¿qué podemos hacer??? Bañarnos en la piscina con nuestros cócteles, la mejor forma de recuperarse de un día de excursión. Así que ni cortos ni perezosos nos pusimos los bikinis y nos metimos en la piscina, todo el mundo nos miraba…  Era noche cerrada (serían las 7 de la tarde más o menos), pero no hacía nada de frío, ni fresquito, la verdad es que el baño nos sentó de escándalo.

Claro, con el cansancio, el no haber cenado aún, y la piscina, los cócteles se nos subieron ligeramente, pero nada de borrachos, estábamos alegres. Cuando decidimos irnos a ducharnos y arreglarnos para la cena, nos reíamos mucho, y todo era gracioso, hasta las fotos de barcos que había en los pasillos de los camerinos eran graciosas, tan tan tan graciosas que a Pon en un ataque de humor se le ocurrió hacerle la zancadilla a Maite, que no se podía levantar la muchacha de la risa, el pobre Pon fue a ayudarla porque yo creo que se sintió mal y todo.

Cuando entramos en la habitación y empezamos a ver qué ropa nos poníamos, quien se duchaba primero y esas cosillas, veo a Pon con la cara desencajada:

- Mi alianza!!!! Nena mi alianza!!!!!!
- Ves???? Te tengo dicho que no te quites el anillo cuando te metas en la piscina, QUE NO SE TE VA A CAER!!  Y ahora lo has perdio, que sepas que no lo vas a encontrar.

Yo me metí a ducharme y lo ultimo que ví fue a Pon cerrando la puerta de la habitación, rumbo a la piscina.

Regresó sin alianza, pero dejó a la mitad de la tripulación buscando el anillo, al pobre Sergio por allí agachao, y varios pasajeros también a la búsqueda.

- Moor, tío, es un anillo, no pasa nada.
- QUE NO PASA NA??? No es un anillo!!!!
-  A ver, que porque hallas perdido la alianza no te voy a dejar, ni me voy a ir con otro ni nada de eso, nuestra relación va a seguir igual.
- Bla bla bla bla bla anillo super especial bla bla bla bla….

Entonces se me ocurrió una idea típica de película, y que a mí me parecía chuli, así en plan abuela del Titanic cuando tira el pedrusco ese al mar:

- Tiremos mi alianza al mar.
- QUEEEEEEE???!!!!!! Lo estarás diciendo de broma no???
- Hombre es probable que la tuya ya esté en el mar

Yo sabía que de esa Pon no se recuperaba, y efectivamente, en la cena no habló, estaba ido. Y después de cenar me dice el colega que se va otra vez a buscarla, este niño es tonto, pero lo dejé, por lo menos estaría entretenido un rato.

Y señores, apareció la alianza!!!! En el pasillo, justo donde Maite se había “caído”. Me pareció increíble que la encontrara.

Y volvimos a recuperar a Pon para disfrutar al completo de “la noche caribeña” y bailar Paquito el chocolatero y todas esas cosillas. 

Hasta que se hizo tarde, que mañana también había que madrugar.